Una de las características clave de Ch.ACO-16 fue su accesibilidad y carácter democrático. Los organizadores se centraron deliberadamente en atraer a nuevos coleccionistas, por lo que muchas galerías ofrecieron obras pequeñas con precios inferiores a 1000 dólares, mientras que las piezas de mayor tamaño podían adquirirse por alrededor de 5000 dólares. “La feria no es solo para coleccionistas y museos, sino también para el público en general”, señaló el coordinador del proyecto, Nicolás Guilisasti Mitarakis. Ch.ACO también exhibió una impresionante diversidad geográfica: galerías de seis regiones de Chile —desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia— estuvieron representadas, lo que convirtió a la feria en un fiel reflejo del arte contemporáneo chileno.
Uno de los participantes más destacados fue el artista de Valparaíso Fernando Andreo Castro, ganador del Premio de Residencia Mac el año pasado, quien contó con un stand exclusivo en la entrada de la feria. Su instalación, que exponía las estructuras internas de las paredes, transformó el espacio en un entorno inmersivo, evocando su exposición individual en el Museo de Arte Moderno (MoMA). Los stands vecinos demostraron una creatividad similar: la galería brasileña Hermès creó una enorme bandera compuesta con obras de 41 artistas, mientras que la residencia artística local Mnwal presentó arte de la diáspora palestina. Todo ello generó una atmósfera de efervescencia creativa, donde cada rincón sorprendía e inspiraba.
Curiosamente, Ch.ACO-16 también se convirtió en una plataforma para el diálogo sobre el futuro del arte en Chile. La feria incluyó encuentros profesionales dedicados a los preparativos para la participación del país en la Feria del Libro de Frankfurt 2027, donde Chile será el país invitado de honor. Esto demuestra la estrecha interconexión entre las diversas esferas culturales: artes visuales, literatura, teatro, todas avanzando en la misma dirección y reforzándose mutuamente. Para el público chileno, estos eventos ofrecen la oportunidad no solo de apreciar el arte contemporáneo, sino también de sentirse parte de un proceso cultural más amplio en el que su país desempeña un papel cada vez más relevante.
