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Aficiones

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En un mundo donde todo se acelera, hay algo increíblemente relajante en bajar el ritmo y crear con las manos. El torno de alfarero, el telar y la talla de madera: estas antiguas artesanías están experimentando un renacimiento entre los chilenos de todas las edades. En Santiago, están abriendo talleres de cerámica donde oficinistas y profesores se reúnen después del trabajo para amasar arcilla. En Valparaíso, se ofrecen talleres de tejido en telares verticales. En La Serena, se imparten cursos de carpintería. ¿Por qué resulta tan atractivo? Porque el contacto táctil con el material, la necesidad de concentrarse en los movimientos de las manos y los resultados visibles en una sola sesión proporcionan un poderoso efecto antiestrés. Además, se crean piezas únicas que nadie más tiene.

Comencemos con la cerámica. En Chile, la arcilla es un material accesible y económico. Muchos talleres (por ejemplo, Cerámica del Valle en Nuñoa o Manos de Barro en Providencia) ofrecen cursos para principiantes: de 2 a 3 horas, te familiarizas con la arcilla, aprendes a centrarla en el torno y creas formas sencillas como tazas, cuencos y jarrones. El proceso es fascinante: la arcilla húmeda se desliza entre las manos, la presión cambia la forma y parece que dialogas con el material. ¿No te salió bien a la primera? No hay problema, puedes volver a amasar. Muchos comparan la alfarería con la meditación: el diálogo interno se silencia, dejando solo el movimiento circular y la sensación.

Después de dar forma a las piezas, se secan, se cuecen en un horno (esto lo hace el maestro), se esmaltan y se vuelven a cocer. Después de una o dos semanas, recoges tu taza, plato o la extraña criatura que imaginaste como jarrón. Los esmaltes con pigmentos locales son populares en Chile: azul como el mar, verde como los Andes, rojo como la tierra de Atacama. La cerámica se puede usar en casa o regalar a amigos. Muchos se sumergen tanto en este arte que compran su propio torno pequeño (con un costo aproximado de 50.000 a 70.000 pesos) y cuecen sus piezas en talleres a cambio de una tarifa.

El tejido es otro arte fascinante, particularmente popular en Chile, con sus ricas tradiciones textiles mapuche y rapanui. En talleres del Centro Cultural La Moneda o en estudios privados (Tejiendo Raíces en Santiago) se enseña la técnica del tejido: tensar la urdimbre, pasar la trama y crear patrones. Se puede tejer una alfombra pequeña, un tapiz o una bufanda. Tejer desarrolla la motricidad fina, la perseverancia y el sentido del color. Muchos lo encuentran una experiencia relajante después de un día ajetreado de trabajo. También permite comprender el trabajo que implica cada pieza de tela que compramos en la tienda.

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Chile es un país montañoso. La Cordillera de los Andes se extiende por todo el país, ofreciendo miles de kilómetros de acantilados, riscos y paredes de granito. Pero incluso si vives en el centro de Santiago y no te apasiona el montañismo, aún tienes la oportunidad de experimentar el mundo vertical. La escalada en roca es uno de los deportes de mayor crecimiento en Chile. Se están abriendo nuevos gimnasios, se están construyendo muros artificiales en parques y están surgiendo escuelas para niños y adultos. Y no se trata solo de fuerza física: la escalada entrena la mente, la lógica, la flexibilidad y te enseña a lidiar con el miedo. Además, es increíblemente divertida. Veamos por dónde empezar.

El primer paso es encontrar un gimnasio de escalada. Santiago tiene varias opciones excelentes: Muro Feliz en Las Condes con enormes paredes de hasta 15 metros de altura, Kairós en Nuñoa para los amantes del búlder (escalada sin cuerda a baja altitud) y La Cumbre en Providencia con una sección para niños. En Valparaíso, Muro Caleta, justo al lado del mar, es muy popular. En Concepción, está Climb House. La mayoría de los gimnasios ofrecen alquiler de calzado y equipo de seguridad, así como instructores que te guiarán en tu primera clase. Las tarifas de entrada oscilan entre 5.000 y 12.000 pesos, y el alquiler de calzado ronda los 3.000. Esto es suficiente para un primer intento.

Qué llevar y usar: Es fundamental usar calzado especial para escalar; proporciona tracción y permite apoyarse en pequeñas presas. Se proporcionan en la tienda de alquiler. Ropa: mallas o pantalones cómodos, que no sean demasiado holgados para evitar enredos. Una camiseta o top que no restrinja el movimiento. Calcetines para usar con calzado (se usa calzado descalzo, pero los calcetines son más cómodos para principiantes). Magnesio en polvo (magnesio) seca las manos; suele estar disponible en el gimnasio. La regla principal: no uses anillos, relojes ni pulseras, ya que pueden engancharse y lastimarte los dedos del pie.

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¿Te has preguntado alguna vez qué le pasa al repollo cuando lo dejas en remojo en agua con sal durante una semana? ¡Magia! No hay magia de por medio, sino más bien, gracias a las bacterias lácticas. La fermentación es un método de conservación ancestral que está resurgiendo con fuerza. Los jóvenes modernos de Santiago preparan kimchi, los amantes de la comida sana beben kombucha y las amas de casa redescubren el chucrut. En Chile, donde las verduras son de temporada, la fermentación ayuda a conservar la cosecha y a producir probióticos muy saludables. Y lo mejor de todo, es increíblemente sencillo, económico e incluso divertido.

Empecemos con lo más accesible: el chucrut. Necesitarás: repollo blanco, zanahorias, sal (sin yodo ni aditivos) y un frasco limpio. Corta el repollo en tiras, ralla las zanahorias, mézclalas en un bol y añade sal a razón de 20 g por cada kilo de verduras. Ahora viene lo más importante: machaca la col con las manos hasta que suelte su jugo. Si no quieres ensuciarte las manos, puedes usar un machacador de papas. Compacta bien la mezcla en el frasco para que el jugo cubra la col. Si no hay suficiente jugo, añade más salmuera (1 cucharada de sal por litro de agua). Tapa sin apretar (para que salga el gas) y deja reposar a temperatura ambiente de 3 a 7 días.

Revisa la mezcla a diario: si aparece espuma en la superficie, es buena señal de que las bacterias están activas. Retira la espuma con cuidado con una cuchara. Una vez al día, pincha la col con un palillo largo hasta el fondo para liberar el gas. Después de 3 días, empieza a probarla: la acidez se intensificará. Cuando te guste el sabor (normalmente de 4 a 5 días), cierra el frasco y refrigera. La fermentación se ralentizará allí, pero continuará. El chucrut chileno está especialmente rico con comino o bayas de goji, pero también se puede preparar de forma tradicional. Añádelo a ensaladas, cómelo con patatas hervidas o como guarnición para el shashlik árabe.

Ahora hablemos del kimchi: el aperitivo picante coreano que ha conquistado el mundo. En Chile, el kimchi es especialmente popular debido a su afición por la comida picante. Los ingredientes principales son: col china (se puede sustituir por col común, pero no queda igual de bien), daikon o rábano, cebolleta, ajo, jengibre, chile gochujang (hojuelas de chile coreano) o, como sustituto, ají verde chileno molido. Corta la col a lo largo, frótala con sal y déjala reposar de 2 a 3 horas hasta que esté blanda. Enjuágala y escúrrela. Prepara una pasta con ajo, jengibre, chile, un poco de salsa de pescado (o salsa de soja) y agua hasta obtener una pasta homogénea. Pica el rábano y la cebolla, mézclalos con la pasta y frota bien cada hoja de col con la mezcla.

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¿Vives en un rascacielos en el centro de una metrópolis y sueñas con tener tu propio huerto? En Chile, es una realidad. Gracias al clima templado y los largos días soleados, incluso un pequeño balcón o logia puede producir una buena cosecha de verduras, hierbas, tomates cherry e incluso chiles. La jardinería en contenedores (o jardinería urbana) está en pleno auge: cada vez más chilenos, desde Santiago hasta Viña del Mar, cultivan en contenedores en sus terrazas. Esto no solo ahorra en verduras del supermercado, sino que también proporciona un gran alivio del estrés y una sensación de orgullo por lo que has creado con tus propias manos.

¿Por dónde empezar como jardinero urbano? Evalúa tu balcón: ¿cuántas horas de sol recibe? Un balcón orientado al sur recibe sombra y es ideal para la menta y la lechuga. Un balcón orientado al norte recibe pleno sol y es perfecto para tomates, albahaca y romero. El sol de la mañana proporciona luz, ideal para el cilantro y el perejil. El sol de la tarde, cuando llega al oeste, es muy intenso, por lo que solo sobreviven las plantas más resistentes, como el tomillo y los pimientos. Chile, especialmente el Valle Central, recibe mucho sol, así que el principal reto es evitar que las plantas se sequen. Por lo tanto, elige macetas con orificios de drenaje y bandejas para prevenir el encharcamiento.

El segundo paso son los recipientes y la tierra. No necesitas comprar macetas caras. Cajas de plástico, cubos viejos o incluso botellas de cinco litros cortadas servirán. La clave es el volumen: 2-3 litros por planta son suficientes para ensaladas y hortalizas de hoja verde, y al menos 5 litros para tomates cherry. Lo mejor es comprar tierra específica para hortalizas y semilleros (en tiendas chilenas como Easy o Sodimac venden bolsas marcadas como “para huerto urbano”). No uses tierra de fuera, ya que puede traer enfermedades y plagas. Añade arcilla expandida o pequeñas piedras al fondo para un buen drenaje, y tu mini huerto estará listo.

¿Qué debería cultivar un principiante? Las hierbas aromáticas son la opción más gratificante. La albahaca, el romero, el tomillo, el orégano, la menta y la melisa crecen con facilidad, rara vez se ven afectadas por enfermedades y producen una cosecha abundante durante todo el verano y el otoño. En Chile, la albahaca se puede sembrar de septiembre a enero y cosechar hasta mayo. El cilantro es un tesoro nacional; se siembra cada tres semanas para asegurar que siempre haya cilantro fresco para el pebre o el guacamole. El perejil y la cebolla de verdeo son las plantas que requieren menos cuidados. Y para los jardineros más experimentados, los tomates cherry son una excelente opción: variedades compactas como “Tiny Tim” producen frutos incluso en macetas de 3 litros.

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¿Recuerdas cuando, de niño, podías jugar Monopoly o damas durante horas hasta que tus padres se quejaban del ruido? Hoy, millones de adultos en todo el mundo, incluyendo Chile, están redescubriendo los juegos de mesa. Ya no se trata solo de aburridos juegos de dados, sino de auténticos juegos de estrategia con historias profundas, aventuras cooperativas e incluso juegos de detectives. En Santiago, Viña del Mar, Concepción y otras ciudades, abren clubes y bares con miles de juegos donde la gente va no a beber, sino a pensar de forma creativa. ¿Por qué sucede esto y cómo puedes unirte a este movimiento, que ya se conoce como la “revolución del ocio tranquilo”?

La razón de la popularidad de los juegos de mesa es simple: en la era del aislamiento digital, extrañamos desesperadamente la interacción cara a cara. Sentados en la misma habitación, mirando nuestros teléfonos, es una imagen común. Pero en cuanto se colocan las cartas y las fichas sobre la mesa, surge la magia: la gente empieza a mirarse a los ojos, a discutir, a reír y a intercambiar palabras amables. En Chile, donde los lazos familiares y de amistad siempre han sido fuertes, los juegos de mesa se han convertido en la forma ideal de fortalecerlos. Y da igual si te reúnes con un grupo en tu apartamento o vas a un club especializado en el barrio de Providencia: una noche con un juego de mesa será sin duda más memorable que ver otra serie de televisión.

¿Con qué juegos deberías empezar si eres principiante? Olvídate de la larga partida de Monopoly, por la que incluso los mejores amigos se pelean. Empieza con Catan (Los Colonos de Catan), un juego clásico donde construyes asentamientos, intercambias recursos y luchas por el territorio. Una partida dura una hora y media, y las reglas se explican en diez minutos. Para quienes disfrutan pensando, está Ticket to Ride, un juego sobre la construcción de ferrocarriles, muy relajante y visualmente atractivo. Y si buscas reírte un rato, prueba “Activity” o “Dixit”, un juego de memoria con ilustraciones impresionantes. Todos estos juegos están traducidos al español y disponibles en tiendas chilenas o en Mercado Libre.

Los juegos cooperativos son un género especial, donde los jugadores no compiten, sino que se unen contra el propio juego. Un clásico es “Pandemic”, donde te unes a un equipo de médicos para salvar al mundo de brotes de enfermedades. En Chile, donde el trabajo en equipo y la cooperación son muy valorados, estos juegos son un gran éxito. Otro éxito es “Zombicide”, donde disparas a hordas de muertos vivientes. Los juegos cooperativos son ideales para parejas donde uno de los miembros odia perder, o para grupos con diferentes niveles de habilidad: o ganas juntos o pierdes juntos.

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