Una vida sin vertederos: Cómo las comunidades chilenas construyen una economía circular

por Layla Vicente

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Mientras se aprueban leyes y se firman acuerdos internacionales en la capital, el cambio real se produce en las comunidades donde la gente común vive y trabaja. Desde el desierto de Atacama hasta los bosques de Aysén, desde la costa de Valparaíso hasta los viñedos del Maule, se están impulsando proyectos en todo el país que transforman la basura en un recurso y los desechos en una oportunidad. La financiación proviene de diversas fuentes: el Fondo de Protección Ambiental (FPA), programas internacionales como Euroclima e iniciativas privadas. Y los resultados ya son impresionantes. En 2026, los proyectos ambientales locales habrán pasado de ser experimentos a una implementación sistemática.

Comencemos con el Maule, una región a menudo eclipsada por destinos turísticos más conocidos. En enero de 2026, el Fondo de Protección Ambiental anunció a los ganadores de su concurso anual entre organizaciones públicas. Ocho iniciativas de los municipios de Curicó, Longaví, Parral, Empedrado, San Clemente y Licantén recibieron financiación para proyectos en las áreas de educación ambiental, economía circular, gestión sostenible de residuos, conservación del agua y conservación de la biodiversidad. Particularmente importante fue la participación de comunidades indígenas: la asociación Kom Mapu Ko de Curicó y la comunidad Los Lupallante de Longaví obtuvieron subvenciones, algo que, según representantes del ministerio, no ocurría en la región desde hace muchos años. Esta reintroducción del conocimiento tradicional sobre gestión territorial en la política ambiental oficial es un ejemplo singular y valioso de inclusión.

A principios de este año se puso en marcha un proyecto aún mayor con el apoyo de la Unión Europea. “Implementando la Acción Climática Subnacional” —nombre del programa Euroclima, junto con sus socios chilenos (AECID, AGCID y el Ministerio del Ambiente)— brindará apoyo a 14 municipios en cinco regiones: Tarapacá, Antofagasta, la Región Metropolitana, Bío-Bío y Aysén. El objetivo principal es transformar los planes climáticos en proyectos de inversión tangibles sobre el terreno, con resultados ambientales, sociales y económicos concretos. Esto responde al problema clave identificado por los expertos: la brecha entre las estrategias ambiciosas y su implementación.

¿Qué significa esto en la práctica? Las comunidades recibirán asistencia para desarrollar e implementar planes municipales de clima y gestión de residuos. Se crearán más modelos de gestión circular y se fortalecerá la resiliencia climática de sus territorios. Participan tanto grandes ciudades como pequeños municipios rurales; para estos últimos, esta suele ser la única oportunidad de atraer conocimientos especializados y recursos para abordar los problemas ambientales acumulados. Cabe mencionar que el programa Euroclima forma parte de la estrategia “Global Gateway” de la Unión Europea y abarca 33 países de América Latina y el Caribe, por lo que Chile se encuentra en buena compañía en este sentido.

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