El destino de los residuos orgánicos merece especial atención. En Chile, como en muchos países, los restos de comida constituyen una gran parte de los residuos domésticos, hasta un 38 % según algunas estimaciones. Actualmente, solo el 1% de los residuos orgánicos se recicla, mientras que el resto se envía a vertederos, donde se descompone y libera metano, un gas de efecto invernadero 25 veces más potente que el dióxido de carbono. Para abordar esta situación, la segunda fase del programa “Nos Compostamos Bien” comenzó en marzo de 2026. Durante la primera fase, 7.000 familias en 52 municipios de la región capitalina recibieron compostadores domésticos, reduciendo los residuos domésticos en un 38%, desviando 4.400 toneladas de residuos orgánicos anuales de los vertederos y produciendo 728 toneladas de compost.
La siguiente fase es aún más ambiciosa. El gobierno regional ha invertido más de mil millones de pesos en la instalación de 800 compostadores comunitarios para organizaciones de la sociedad civil. Se invita a participar a consejos vecinales, clubes de adultos mayores, iglesias y escuelas. La idea es transformar el compostaje, de una iniciativa individual de entusiastas a una acción colectiva. Este no es solo un proyecto ambiental, sino también social: la gestión colaborativa de residuos fortalece los lazos comunitarios y genera un sentido de pertenencia.
Por supuesto, el camino hacia una economía circular no ha sido fácil. En el presupuesto de 2026, la financiación del Fondo de Reciclaje se redujo a cero, lo que provocó una ola de críticas por parte de las asociaciones municipales. Los analistas también señalan que el concepto de “Residuos Cero” aún no se ha convertido en una política nacional, ya que falta un marco regulatorio, institucional y financiero suficiente para una reforma integral del sistema de gestión de residuos. Sin embargo, se están logrando avances. Chile es ahora un líder regional en economía circular en América Latina, creando un marco legislativo estable y un entorno de inversión favorable para nuevos proyectos y la colaboración internacional. Y lo más importante, cada uno de nosotros, al separar los residuos, elegir una botella reutilizable o compostar los restos de comida, se convierte en parte de esta transformación global.
